FRANCESC GUILLAUMET - DIARI LA MAÑANA
Recuperem l'entrevista a Jordi Bilbeny publicada al diari La Manyana de Lleida aquest passat dilluns 9 de març
Una de sus primeras aportaciones a la historiografía fue argumentar que Cristóbal Colón era catalán y de noble linaje. Posteriormente, y a raíz de aquel hallazgo, Jordi Bilbeny se ha adentrado progresivamente en lo que considera una apropiación de diversos iconos históricos y culturales catalanes que posteriormente han aparecido como los principales nombres de las letras hispánicas, como El lazarillo de Tormes, que afirma que fue escrito en catalán, o la misma Celestina.
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¿Ya se reconoce la catalanidad de Colón en el mundo de la historiografía?
Diría que no, porque reconocerlo sería como reconocer el fracaso de un sistema pedagógico y académico. El problema no es si Colón era o no catalán, sino quién ha hecho la historia. Porque yo me pregunto... ¿Sólo esconderían que Colón era catalán con la posibilidad de poderlo tergiversar todo?
Vamos, que el mundo académico no le muestra simpatías.
Dicen que soy un exagerado, que no tengo método... Es un desprestigio constante de gente que no quiere aceptar las evidencias.
¿Puede demostrarme que Colón era catalán?
En primer lugar hay un punto donde se entrecruzan las biografías del Colón genovés y el catalán. El primero era un hombre del pueblo llano, analfabeto, sin estudios ni escudo de armas que tampoco tenía conocimientos de fiscalidad ni de derecho. El segundo era un hombre de noble linaje, que dirigió escuadras navales, hermano de un presidente de la Generalitat, embajador y que sirvió en cortes como la de Renato de Anjou. Hay un momento en el que Colón dice que no es “el único almirante de su familia”. ¿Y de qué familia cabe preguntarse?... Porque el Colón catalán sí había tenido predecesores almirantes, mientras que el genovés no.
¿Tiene más pruebas?
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En este punto he comprobado como se cambian constantemente los nombres de los cronistas de Indias y el título de las obras. Poco a poco veo como esto se traslada a otros ámbitos y personajes y que se convierte en una constante de la censura.
Pero Colón no es su único campo de batalla, también habla de la catalanidad de la literatura española del siglo de Oro...
Pretende dejar sin autores a las letras españolas?
Son ellos quienes previamente han dejado a la literatura catalana sin autores. Yo miro las leyes, los documentos, el contexto de las obras... Si una obra transcurre en “un valle lleno de naranjos” es evidente que no puede ser Bilbao, sino Valencia. En La Celestina, por ejemplo, se dice que se vé “un puerto y navíos”. Es evidente que esa ciudad de la que habla no puede ser Toledo, porque allí no había mar. Pero es que además hay obras, como El lazarillo de Tormes, con referentes jurídicos catalanes y con lo que hoy podríamos calificar de “catalanadas”.
¿Cuáles son las catalanadas de las que habla?
Entre otros aspectos hemos localizado expresiones como “poner cucharada”, “la suya ropa” o “el suyo reloj”. Esto no cuadra.
¿Qué habría pasado, pues?
Es evidente que ha habido un proceso gradual de sustitución cultural y nacional. En el siglo XV se intentaba construir un estado y había dos grandes proyectos, el castellano y el catalán. En un primer momento preponderó el modelo catalán de Fernando el Católico. Era un modelo que dominaba la política internacional, el propio Carlos I se instaló en Barcelona e hizo de la política catalana y de la confederación catalanoaragonesa su eje de actuación. Pero en la segunda mitad del siglo XVI cambiaron las tornas y es entonces cuando arranca un proceso de apropiación del pasado.
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Pues por ejemplo hacen que gente de Extremadura construya naves en México sin ser gente de mar, porque no lo tenían. Es grotesco.
¿Y en literatura qué pasó realmente?
De alguna manera soy el primero que hablo de este proceso de sustitución cultural y nacional con esta perspectiva. Pero Joan Fuster ya apuntaba que la gente acudía con un libro en catalán bajo el brazo y salía con un libro en castellano. Yo aporto prólogos, además, en los que los autores dicen que les han obligado a traducir sus obras. Es evidente pues que en el siglo XVI se hable de la decadencia. La justifican por guerras y pestes, pero es muy extraño que no se conserven ni traducciones en catalán de estas grandes obras cuando Catalunya tenía una cierta importancia.
¿Pero hacer este tipo de afirmaciones no es pasar de la anécdota a la categoría?
Tenemos el resultado, pero nos faltan las leyes. Es evidente que si en Lleida cierran todas las zapaterías y sólo las zapaterías tiene que haber una ley que así lo dicte. Pues esto es lo que pasa en la literatura del siglo XVI. De golpe y porrazo en un país en el que no se había editado nunca un libro en castellano comienzan a aparecer libros en esta lengua. Tenía que haber una ley, pero no la tenemos.
¿En qué se basa para afirmar la catalanidad del Lazarillo?
En muchas cosas. Llevo 20 años trabajando en este tema. La localización de la obra se corresponde a la Valencia de la época y no a Salamanca, está lleno de catalanismos y hay aspectos históricos que no cuadran.
¿Qué aspectos?
El Lazarillo tiene momentos anticatólicos cuando esto no pasaba en la literatura hispánica, se habla de Valencia y de Fernando el Católico, de la conquista de Gerba, que fue un bastión estratégico catalán en el Mediterráneo... Además, se da constancia de una villa ducal con porches y de una situación que yo asocio con la revuelta de los agermanats valencianos.
No deja de ser casualidad que el ciego se diese un testarazo en una ciudad que yo asocio con Gandía, donde las tropas del virrey –que puede representar al ciego– fueron vencidas. La obra también permite interpretar la toponimia del lugar, los aspectos de lengua y los jurídicos.
¿Cervantes era valenciano?
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¿Ha sido duro el golpe, pues, para las letras catalanas, no?
Yo hago una propuesta y aquí la dejo. Pero es evidente que esta situación ha dejado una cultura en tabula rasa.
FONT: LAMANYANA.CAT